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050118 DOH Stephanie Cortner (Spanish)

La entrenadora en jefe de Valley Christian, Stephanie Cortner, centro, está rodeada por su equipo después de un partido contra Coast Christian Academy en Arroyo Grande la temporada pasada. Fue la primera vez en esta temporada que Cortner pudo dirigir un juego completo mientras se enfrentaba a una batalla contra el cáncer de mama.

Stephanie Cortner es una leona, una luchadora, una atleta y una maestra con una inclinación sarcástica. A ella le encanta reírse, derrochar amor y cuando se trata de su salud, cuida de su bien estar.

"Me río de todo y sonrío siempre. Cuando me enfrento a un desafío, cuando algo se me presenta, mi reacción es reírme porque llorar por eso y hacer pucheros y enojarme no soluciona nada ", dijo Cortner.

La paciente de Mission Hope Cancer Center (Centro de Cáncer Misión Esperanza), madre y maestra de preescolar de la Academía de Valley Christian (VCA por sus siglas en inglés) se creció en Santa María, donde asistió a las escuelas preparatorias Rice, Fesler y Santa María. Jugó voleibol y softbol en la escuela preparatoria, y ha entrenado al equipo de voleibol de la secundaria VCA y estaba en camino para entrenar al equipo de softbol avanzado cuando el cáncer cambió sus planes por una temporada.

La primera patada en el estómago se produjo el Día de los Veteranos de 2017, cuando a su madre le diagnosticaron cáncer. Dos semanas después, durante el fin de semana del Día de Acción de Gracias, Cortner descubrió también una protuberancia en su propio ceno.

"Lo supe, tan pronto como lo toqué", dijo Cortner.

Todos los miembros de su círculo social estaban preocupados por la salud de su madre, entonces Cortner optó por no alarmarlos más anunciándoles su condición sin antes confirmarlo, a través de ultrasonidos y una biopsia, a principios de diciembre.

"Grité, me alarmé, y luego dije, ‘OK’. Tengo fe. Yo creo en Dios y sabía que el me respaldaría. Creo que Dios es asombroso, y eso hizo que todo fuese mucho más fácil. Tenía la familia de mi iglesia y a mi familia primaria, así que sabía que había personas que oraban por mí y otras que oraban conmigo. Hablaba con Dios diariamente. No se trataba de ir a la iglesia, sino de fomentar mi relación personal con Dios. Creo que eso me ayudó a superarlo", dijo Cortner.

También le da crédito al equipo de Mission Hope, que incluye a la Dra. Monica Rocco y al médico Stephen Vara, así como a su equipo de apoyo compuesto por sus amigos y familiares.

"Lo primero que me dijo el Dr. Rocco fue: 'Es curable'. Entonces, me dije a mí misma que no era un tren que se me acercaba, e incluso si así lo fuera, lo esquivaría y todo volvería a estar bien", dijo Cortner.

No ha sido un crucero placentero someterme a una cirugía, a la quimioterapia, la radioterapia y la terapia dirigida para el cáncer de mama Her2. Cortner puede explicar con facilidad los episodios de deshidratación, los viajes a la sala de emergencias, incluso las mañanas que pasó en el baño mientras intentaba convencer a sus hijos de 5 y 8 años que se prepararan para ir a la escuela.

"Tuve el mejor tratamiento para rehabilitar mi cabello. No tuve que afeitarme durante seis meses. Tengo una cabellera nueva tan suave como la de un bebé. Todos me frotan la cabeza, y me encanta. Además perdí 30 libras. Fue el mejor plan de pérdida de peso, pero no lo recomendaría. Pasé mucho tiempo en el baño incitando a mis hijos a que se prepararan para ir a la escuela", dijo Cortner.

Mientras que el trabajo de su esposo para contribuir financieramente a la familia le obligó a salir de la ciudad, Cortner encontró apoyo emocional todos los días en amigas como Alisa Fortier y su propia hermana que manejaba desde Thousand Oaks para cada tratamiento de quimioterapia.

Antes de cada infusión, Cortner escribía una palabra o dos sobre la clavícula: "Guerrera", "Solo en Cristo", "Fe".

“Lo había escuchado todo, había investigado y aún así terminé en el hospital. No se habla mucho de los desagradables efectos secundarios que causan las quimioterapias. Me la pasaba sentada en el inodoro mientras vomitaba y trataba de motivar a mis hijos para que se prepararan para ir a la escuela. Mi cuerpo no respondió bien a los tratamientos de quimioterapia en absoluto. La deshidratación me dejó inconsciente en varias ocasiones hasta que aprendí a manejarla”, dijo Cortner.

También aprendió a abogar por sí misma, tanto para mantener el proceso médico en movimiento como para abordar la facturación médica.

“Tienes que ser tu propio defensor. Soy persistente y prefiero confrontar la situación. Algunas cosas simplemente se salen de control y la espera te vuelve loca. Tienen mucho personal en Mission Hope, pero nadie va a luchar por ti como tú lucharás por ti. Hay toneladas de papeleo en todas partes que debes completar, y las cuentas son ridículas", dijo Cortner.

Bajo la dirección de Vara, Cortner decidió explorar un tratamiento que su compañía de seguros negó inicialmente. Pero Cortner hizo un intercambio entre la compañía de seguros y el centro de cáncer, actuando como intermediario y su propia defensora hasta que la compañía de seguros cedió.

"Siento que, si no hubiera hecho eso, seguirían negándome el apoyo", dijo.

Los equipos deportivos que entrenaba también la respaldaron. El equipo de softbol usó rosa para un juego que finalmente ganó contra Coastal Christian School. Llevaron a cabo una recaudación de fondos lavando autos para ayudar a Cortner a cubrir sus facturas médicas.

"Adoro a esas chicas. Lo único que me hizo enojar a través de todo esto fue que no podía equilibrar el entrenamiento del equipo de softbol avanzado con la quimioterapia. Eso, y no disfrutar de la comida. Todo sabía a cartón”, dijo Cortner.

Cuando llegó el momento, ella evitó usar pelucas.

"Cuando mi cabello se cayó, solo dije, 'Esta soy yo. Voy a lucir mi cabeza calva’", dijo.

Durante el Día de la Esperanza 2018 de Mission Hope, Cortner se puso un tatuaje de henna de un león, la mascota de VCA, en la parte posterior de su cabeza junto con las palabras: "Esto no se termina hasta que gane".

Para Navidad, sus papilas gustativas habían regresado, y había recuperado la 30 libras, "además de otras 10", dijo mientras reía, y lucía un cabello rosado y fino que, según dijo a los niños curiosos en edad preescolar, que había sido consecuencia de haber caminado a través de un arco iris.

"Es difícil cuando todo duele, y hay días en los que decaigo cuando reflexiono sobre mi salud y me digo a mí misma: 'Esto es un desastre'. Me encojo y aíslo durante un par de horas, tengo una “fiesta” de lástima y luego me recupero. Elijo la alegría. Elijo la felicidad. No elijo ser miserable porque no me hace ningún bien", dijo Cortner.

“El cáncer es horrible, pero te enseña a apreciar a tu familia y a la vida cotidiana en tu hogar. Me acerqué más a Dios porque cuando tienes miedo, eso es lo que haces; te acercas a tus padres".

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