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Temprano una mañana temprano un día de la semana, cuando la neblina se desvaneció de mala gana entre los despeñaderos costeros cerca de su casa en Shell Beach, Marv y Pet Daniels recogieron su botas, abrigos y guantes de trabajo y se marcharon a recoger una tonelada de mandarinas.

Ese esfuerzo de ellos para espigar no le dios alimentos, sueldo ni los acostumbrados beneficios. “Es divertido y gratificante, y pensamos en esas personas que no comparten las maravillosas cosechas que tenemos,” dijo Pet.

Los Daniels forman parte de más de 1.000 residentes de la Costa Central que dan su tiempo y energía como voluntarios a organizaciones que espigan los productos agrícolas locales para el bien de la comunidad. Ellos recogen frutas y vegetales regalados por dueños de jardines en los patios y por productores comerciales, donándolos luego a centros locales de distribución que prestan servicios a las personas con hambre en la Costa Central.

“Hay tanta generosidad allí. Es increíble cuánto fruto, ya ve usted, puede producir un árbol en Foxenwood. Y, tan pronto lo llevamos a un Banco de Alimentos (Foodbank), se distribuye inmediatamente a la gente con necesidades. Eso nos hace sentir que estamos haciendo algo por un bien mayor,” expresó Stephanie Southwick-Hull de Orcutt, quien ha participado en la Generosidad del Patio (Backyard Bounty).

De acuerdo con un estudio en 2011 por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, casi 15 por ciento de las familias padecen de inestabilidad alimenticia en algún momento del año. Casi 6 por ciento de ellos pasan por un nivel muy bajo de estabilidad – el consumo de alimentos de uno o más miembros de la familia se redujo y sus patrones de alimentación se interrumpieron durante un año debido a que la familia careció de dinero y otros recursos para comestibles.

Ese mismo año, el Banco de Alimentos del Condado de Santa Bárbara distribuyó alimentos y productos agrícolas frescos a 102.000 residentes a través de 290 programas y agencias de servicio social, iglesias y grupos comunitarios a través del condado.

En 2012, el Banco de Alimentos del Condado de San Luis Obispo prestó servicios a 44.000 personas a través de más de 225 agencias colaboradoras.

Despensas de alimentos como éstas por toda la nación tradicionalmente dependen de comidas desechadas por tiendas de comestibles y de residentes locales. La mayoría de los artículos donados vienen empacados, no necesariamente saludables y a menudo cerca de la fecha de vencimiento.

Pero con el surgimiento de organizaciones espigadoras e interés de granjeros locales de todas las variedades, las canastas van en aumento, llenándose con productos frescos y locales.

“Los productos recogidos que hemos contribuido son todavía pocos comparados con el potencial, pero estamos creciendo lentamente y manteniendo el esfuerzo,” declaró la coordinadora de GleanSlo, Carolyn Eicher.

Aunque las organizaciones más grandes distribución de alimentos de la Costa Central han desarrollado esfuerzos más coordinados en recientes años, el esfuerzo local por ofrecerles productos agrícolas frescos a los necesitados no es nada nuevo.

En 1979, un grupo de mujeres de la Costa Central que vieron como tantos alimentos frescos se perdían en los campos, establecieron la Harvest Bag (Bolsa de Cosecha). Incansables voluntarias recogían los productos agrícolas sobrantes de los granjeros en la región de las Cinco Ciudades, cosechando ellas mismas los productos cuando era necesario. También pedían donativos a las tiendas locales de comestibles y a las panaderías, así como contribuciones de alimentos y dinero a los residentes locales.

El grupo empezó una actividad para regalar alimentos los miércoles por la mañana en Soto Field en Arroyo Grande, el cual sigue hasta el día de hoy bajo los auspicios del Banco de Alimentos del condado. Docenas de voluntarios empacan varias bolsas de alimentos para las filas de personas que se presentan cada semana.

Los Bancos de Alimentos en todo el condado han incorporado una variedad de programas de recolección de alimentos que iglesias e individuos con buenas intenciones han establecido a través de la región.

“GleanSLO empezó con un modelo de Cosecha de Patio en Paso Robles, tratando de alcanzar la comunidad a pequeña escala – si alguien tenía un árbol de naranja muy productivo o no podía cosechar su pequeña hortaliza de manzanos, le ofrecían ayuda,” explicó Eicher.

En 2010, su primer año, voluntarios de GleanSLO recogieron 22.000 libras de frutas y vegetales en jardines locales y granjas. Al año siguiente, recogieron 38.000 libras y en 20120, la creciente lista de voluntarios trajo 100.000 de productos, dijo ella.

“Las normas de los mercados comerciales son tan exigentes, si podemos lograr una relación establecida con granjeros que saben que realmente no van a poder cosechar lo que están cultivando, nosotros espigamos una abundancia sorprendente de alimentos perfectamente buenos.”

Un esfuerzo local incluyó las coles de Bruselas que, aunque crecen en forma exorbitante, no llenaron la altura requerida de 21 pulgadas para empaque comercial.

El esfuerzo no es competitivo, dijo ella, pero la cooperación entre una variedad de organizaciones y agencias como la de Fruta de Santa Ynez (Santa Ynez Fruit) y Rescate de Vegetales (Veggie Rescue) con California Association of Fodbanks, GleanSLO, cruzan fronteras políticas y los productos se comparten según se necesiten entre despensas de alimentos.

“Este intento por voluntarios locales nos ha permitido, en los últimos cinco años, proporcionar productos más frescos. Hace cinco años, los alimentos que distribuíamos eran 15% agrícola. Ahora son 47%,” indicó Eicher.

Algunas granjas locales les han dado sus propias donaciones a programas de distribución de alimentos por años.

“Estamos contentos de poder ayudar. Pensamos que es una oportunidad fantástica para presta servicio comunitario y una excelente manera para nosotros darle de regreso a la comunidad,” dijo Brian Talley, presidente de Talley Farms.

Pero un empeño concertado por Tom Ikeda, vicepresidente y copropietario de Ikeda Bros. en Arroyo Grande, ha juntado a voluntarios estudiantes de la Escuela Secundaria Mission College Preparatory en San Luis Obispo con esfuerzo locales del comercio para espigar productos.

“Muy pocas personas están expuestas a lo que es el proceso completo de cultivar y de laborar la tierra,” dijo Ikeda. “Es un proceso educacional igualmente el enseñarles a los estudiantes el origen de los alimentos y el trabajo involucrado en cosechar sus comestibles. Ojalá que ellos tengan un aprecio mayor por los granjeros y los trabajadores en las granjas que les proporcionan sus alimentos.”

Si no fuera por los espigadores, dijo Ikeda, las plantas, totalmente con sus frutos maduros, quedarían enterradas,” agregó Ikeda. “Si los precios del mercado son realmente baratos y uno va pasando por un campo de todos modos, ¿por qué no dejar que corten una parte y llevársela al Banco de Alimentos,” preguntó Ikeda.

Para Jacqueline y Gary Frederick de las Granjas Clamshell en Nipomo, es simple. “Los invitamos en cualquier momento en que tenemos un cosecha excepcional,” dijo Jaqueline.

En 2012, los voluntarios de GleanSLO recogieron 25.000 de naranjas en granjas de cítricos de 55 acres. Entre los productos que se han espigado están mandarinas, limones, limas y aguacates.

“Siempre me impresionan los voluntarios cuando vienen,” dijo Jacqueline. “Los voluntarios que he conocido son por lo general personas que tienen otras ocupaciones. Ellos se dan de voluntarios y regalan su tiempo para venir hasta la granja. Son personas de todas las profesiones y condiciones sociales que ayudan a la gente que necesita comida.”

Marv Daniels comentó que el recoger o espigar es un trabajo arduo. “Gran parte de lo que se recoge está en los laderas de las colinas, en bajadas rocosas. Es muchísimo trabajo, pero es divertido porque las personas con quienes trabajamos son todas voluntarias que están allá por la misma razón,” dijo él.

Juntos, los Daniels han recogido manzanas, naranjas, toronjas, limones, aguacates, mandarinas, calabazas y otros. Las coles de Bruselas, comentaron, fueron fatigantes.

“Una de las ocasiones más difíciles fue en la lluvia en este suelo negro y pegajoso. La mayoría de la gente tenía zapatos tenis que acumularon 20 libras de barro en cada uno,” señaló Marv.

Aun así, la pareja dijo que recoger comestibles frescos para los que los necesitan hace que el esfuerzo valga la pena.

“Lo haremos mientras que podamos hacerlo,” concluyó Pet.

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