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En lugar de tomarse un café en la sala de descanso de la empresa, los empleados de Bonipak Packing Co., Gabriel Jaimes, Noemí Reyes y Andrea Velásquez dedicaron parte de la mañana del martes, visitando a los perros y gatos de la Sociedad Protectora de Animales del Valle de Santa María.

"Siempre quisimos cruzar la calle durante nuestro almuerzo y venir a mirar los perros", dijeron Reyes y Velásquez. "Cuando nuestro director de Recursos Humanos propuso la idea de ofrecer nuestro tiempo de forma voluntaria durante nuestro descanso, lo hicimos".

Aunque las puertas del refugio, ubicado en 1687 W. Stowell Road, están cerradas al público los lunes y martes, los tres estuvieron disponibles el martes por la mañana, llevaron croquetas para los perros y ganas de acariciar y jugar con ellos, y así lograr llenar un vacío en el programa de entrenamiento de la instalación.

"Estamos agradecidos por su presencia los lunes y martes porque nos están ayudando a cumplir con las metas de nuestro programa Open Paw", dijo Epstein. "Resulta que los empleados caminan con frecuencia en el campo durante el almuerzo. Entonces, los invitamos a interactuar con los animales y, a cambio, les damos café y pastelitos".

Diseñado por el famoso conductista animal Ian Dunbar y la entrenadora Kelly Gorman Dunbar, Epstein dijo que Sean Hawkins, director ejecutivo de la Sociedad Protectora de Animales, comenzó a implementar el programa de entrenamiento, Open Paw, en el refugio el año pasado. A diferencia de los métodos de entrenamiento tradicionales que se enfocan en corregir el comportamiento no deseado, Open Paw prioriza la salud mental y conductual de un animal (con el objetivo de minimizar el tiempo que pasa en un refugio) al reducir el estrés y mejorar las condiciones de vida.

"La mayoría de los refugios se enfocan en mantener el espacio limpio y proporcionar alimentos y agua", dijo Epstein. "Es raro que los perros consigan salir al baño fuera de su perrera una vez al día. Los refugios lo intentan, pero con personal y voluntarios limitados, simplemente no sucede todo el tiempo".

A través del programa Open Paw de la Sociedad Protectora de Animales, se garantiza a los perros tres caminatas fuera de su perrera para practicar las habilidades de estar atado a una correa y un mínimo de 20 minutos de capacitación enfocada (entrenamiento, juego, tiempo fuera de la perrera o visitas a la clínica veterinaria). Además del tiempo pasado fuera de la perrera, el programa requiere un mínimo de 20 interacciones humanas únicas cada día.

"Queremos que nuestros animales aprendan que los humanos son increíbles", explicó Epstein. "Al hacer eso, conseguimos que generalicen que todos los seres humanos son buenos [independientemente de su apariencia]. Asocian a las personas con la comida y [eso] los entusiasma al conocerlos".

Ladridos y aullidos llenaban el refugio antes de que Velásquez, Jaimes y Reyes ingresaran al edificio. El área estaba tranquila 10 minutos después del arribo del pequeño grupo de voluntarios, quienes se interactuaron y alimentaron a los animales. La música clásica, antes inaudible por el coro canino, era tocada desde un pequeño estéreo cerca del centro de la sala.

"Interactuar con animales hace una gran diferencia", dijo Jaimes. "Al igual que cualquier ser humano, cuanto más interactúes con alguien, mejor se comportará. Mediante esta interacción, el beneficio es mutuo entre nosotros y los animales”.

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