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Una vez más nuestras comunidades se enfrentan a incendios forestales devastadores y los estragos que infligen tanto en adultos como en niños. Muchos de nosotros en nuestras comunidades nos encontramos frente a un gran peligro personal y todos compartimos una profunda preocupación por aquellas personas que sufren un impacto directo.

No existen palabras para expresar nuestra profunda gratitud a nuestros heroicos, incansables bomberos y a la infinidad de organizaciones comunitarias que han proporcionado ayuda incluyendo la oficina del alguacil, departamentos de la policía local , trabajadores del sector de salud pública , refugios para mascotas y trabajadores de rescate y todos nuestros vecinos, cercanos y lejanos, afectados por esta emergencia.

Entre aquellas personas que se esfuerzan se encuentran nuestros líderes en los distritos escolares, quienes colaboran minuto por minuto para evaluar el impacto de estos incendios antes de tomar una decisión con respecto al cierre de las escuelas siempre tomando en cuenta el efecto en las familias y las comunidades. Ninguna decisión se toma a la ligera y la seguridad de los estudiantes siempre es el factor que pesa en la balanza. Ninguna de estas decisiones es sencilla o fácil.

Es importante reconocer que la confusión alrededor de una crisis de esta magnitud puede afectar de forma significativa a los niños. El abrumador tumulto del cierre de las escuelas, conversaciones preocupantes, imágenes aterradoras en las noticias y personas con máscaras por todos lados puede cobrar un precio muy alto.

Los niños en edad escolar a veces no entienden la profundidad y la amplitud de la crisis ni los esfuerzos que se realizan para velar por su seguridad. Con facilidad se pueden asustar o estresar. Algunos niños no quieren separarse de sus padres, otros pueden padecer de dolores de cabeza o estomacales mientras que otros muestran su temor de una forma menos obvia.

Para combatir estos temores es importante recordar que nuestros niños prestan atención a nuestras pistas. Nos miran y se fijan en nuestra expresión facial, el tono de nuestra voz y nuestras ansiosas reacciones a las constantes alertas en nuestros celulares. Es importante tomar un momento para relajar nuestros cuerpos y calmadamente hablar con nuestros hijos. Estas medidas les ayudarán a sentirse más tranquilos, seguros y conectados.

Dependiendo de la edad de sus hijos, Uds. podrían compartir más información explicando donde se encuentra el incendio, la razón por la cual el sol se ve tan diferente y tanta ceniza cae del cielo y cuanta gente valiente está protegiendo nuestra comunidad. Asegurando que el incendio no se vuelva “un secreto” del cual se habla solo en voz baja, Uds. ayudan en la realización que es bueno compartir temores y les ofrece la oportunidad de aclarar interpretaciones erróneas que ellos puedan tener sobre riesgos y peligros.

Sus esfuerzos para hacerle saber a sus hijos lo que está sucediendo pueden ser reconfortantes aun cuando actualmente la vida pueda parecer caótica con evacuaciones, cierre de las escuelas, interrupciones en las rutinas diarias y cancelación de los desfiles navideños y representaciones festivas. Estar conscientes de las expectativas pueden ayudar a los niños en sentirse más seguros tanto física como emocionalmente.

De mayor importancia es recordar que de la misma manera que los adultos en tiempo de crisis, nuestros niños necesitan más tiempo para procesar información y más tiempo para hacer la transición de una etapa a la otra. Podrían necesitar más consuelo, afirmación y apoyo. Lo mejor que los niños pueden hacer es expresar sus emociones y por lo tanto es de suma importancia crear muchas oportunidades para ello en el transcurso del día.

A medida que atravesamos esta difícil situación, permanecemos inmensamente agradecidos por la labor desplegada por bomberos, primeros socorristas, miembros de la comunidad, comercios y vecinos quienes incansablemente han trabajado arduamente y a menudo bajo condiciones casi imposibles de imaginar para asegurar nuestra seguridad y extender una mano amiga a todos y cada uno de nosotros. En nombre de las familias y los niños que se benefician de estos esfuerzos críticos y sobrehumanos, deseo expresar mi profundo y sentido agradecimiento.

Por Susan Salcido, Superintendente de las Escuelas del Condado de Santa

Barbara y Alana Walczak, Directora ejecutiva de la organización CALM.

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